Encíclica sobre el desarrollo humano integral

ENCICLICA SOBRE EL DESARROLLO HUMANO INTEGRAL

EN LA CARIDAD Y EN LA VERDAD

Dice el Papa Benedicto XVI:

“A más de cuarenta años de la publicación de la Encíclica (Populorum Progressio), deseo rendir homenaje y honrar la memoria del gran Pontífice Pablo VI, retomando sus enseñanzas  sobre el desarrollo humano integral y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros días” (C V 8)

 

INTRODUCCIÓN

 

I. LA PRINCIPAL FUERZA IMPULSORA DEL AUTENTICO DESARROLLO

 1. La caridad en la verdad testimoniada por el Señor

             

a. Principio general

La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsadora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.

 

 

 b. La caridad

El amor (Caridad) es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz.

Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta.

 

c. La verdad

Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre. (Jn  8,22)

 

d. Caridad y verdad

Defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Esta goza con la verdad.(1 Cor 13,6)

Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano.

 

 e. La caridad en la verdad  testimoniada por el Señor

Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro ( la manifestación ) de su Persona, en una vocación a  amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto. El mismo es la verdad (Jn 14,6)

 

 

 II. CARIDAD EN LA VERDAD Y VERDAD EN LA CARIDAD

 

 2. La Caridad y la verdad

 

a. La caridad en la Doctrina Social de la Iglesia

La caridad es la vía maestra de la Doctrina Social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la ley.(Mt 22,36-40).

Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como: en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como: las relaciones sociales económicas y políticas.

Para la Iglesia, aleccionada por el Evangelio, la caridad es todo porque, como enseña San Juan ( 1 Jn 4,8.16 ) y como he recordado en mi primera Carta encíclica “ Dios es caridad “ (Deus caritas est): todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo.

 

b. La caridad don de Dios.

La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.

 

c. Desviaciones  que sufre la caridad

Soy consciente  de las desviaciones y la pérdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad con el consiguiente riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida y, en cualquier caso, de impedir su correcta valoración. En el ámbito social, jurídico, cultural, político y económico, es decir, en los contextos más expuestos a dicho peligro, se afirma fácilmente su irrelevancia para interpretar y orientar las responsabilidades morales.

 

 d. Unión de la caridad y la verdad

Hay necesidad de unir no solo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de “veritas in caritate” (Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complementario de “caritas in veritate”. Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la economía de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad.

De este modo, no sólo prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar y persuadir en la concreción de la vida social. Y esto no es de poca importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendiéndose de ella, bien rechazándola.

 

 

 3. La caridad iluminada por la verdad

 

 a. La caridad en las relaciones humanas

Por la estrecha relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, incluidas las de carácter público.

 

b. La verdad luz de la caridad

Solo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente.

La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad . Esta Luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe. Por medio de esa luz la inteligencia llega a  la verdad  natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega,  acogida y comunión.

 

 c. La caridad sin la verdad

Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Este es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Además es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos. Es una palabra de la que se abusa y ella misma se  distorsiona terminando por significar lo contrario.

 

d. La caridad liberada

La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad  que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideismo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez Agapé y Lógos: Caridad y Verdad, Amor y Palabra.

 

 

III. LA VIDA EN CARIDAD Y VERDAD

 

 4. Valores cristianos y el desarrollo humano integral

 

a. La verdad genera comunicación y comunión

Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es logos que crea dia-logos y, por tanto, comunicación y comunión.

La verdad, rescatando a los hombre de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas.

 

b. Vivir la caridad en la verdad es el testimonio cristiano

La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el logos del amor: este es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.

En el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es solo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral.

Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales.

Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad.

 

 5. La caridad en la verdad y la responsabilidad social

 

 a. Los hombres instrumentos del amor de Dios

La caridad es amor ofrecido y recibido. Es gracia. Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo descienda sobre nosotros. Es amor creador, por el cual nosotros somos creados; es amor redentor, por el cual somos recreados. Es el Amor revelado, puesto en práctica por Cristo (Jn 13,1) y derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.(Rm 5,5).

Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.

 

 b. La caridad en la verdad y la responsabilidad social

La Doctrina Social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad ofrecida y recibida. Es “ caritas in veritate in re sociali “ ( caridad en la verdad en asuntos sociales ), anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad.

La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia.

El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esa verdad. Y necesitan aún más que se estime y de testimonio de esa verdad

Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales.

 

 6. La caridad en la verdad y la justicia

 

a. Criterios orientadores

La caridad en la verdad es el principio sobre el que gira la Doctrina Social de la Iglesia, un principio que adquiere forma operativa en criterios orientadores de la acción moral.

Deseo volver a recordar particularmente dos de ellos, requeridos de manera especial por el compromiso para el desarrollo en una sociedad en vías de globalización: la justicia y el bien común.

 

 b. Primer criterio: la justicia

Ante todo la justicia. “ Ubi societas, ibi ius “. Toda sociedad elabora un  sistema propio de justicia.

La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo mío al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es suyo, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. No puedo dar al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde.

Quien ama con caridad a los demás es ante todo justo con ellos. No basta decir que la justicia no es extraña a la caridad, que no es una vía alternativa o paralela a la caridad.

La justicia es inseparable de la caridad, intrínseca a ella. La justicia es la primera vía de la caridad o, como dijo Pablo VI, su medida mínima, parte integrante de ese amor con obras y según la verdad (1 Jn 3,18), al que nos exhorta el apóstol Juan.

Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos. Se ocupa de la construcción de la ciudad del hombre según el derecho y la justicia. Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón. La ciudad del hombre no se promueve solo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.

La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo.

 

 7. La caridad en la verdad y el bien común

 

a. Segundo criterio: el bien común

Hay que tener también en gran consideración el bien común.

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese “todos nosotros”, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social.

No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz.

 

 b. El bien común exigencia de justicia y caridad

Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así, como pólis, como ciudad.

Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales.

Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Esta es la vía institucional  – también política, podríamos decir – de la caridad, no menos cualificada e incisiva de la que puede ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las mediaciones institucionales de la pólis.

 

c. El compromiso por el bien común

El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno.

La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana.

En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.

 

 

 

IV. EL DESARROLLO Y LA MISIÓN DE LA IGLESIA

 

8. Pablo VI y el desarrollo humano integral

 

a. El desarrollo con el esplendor de la verdad y la luz de caridad de Cristo

Al publicar en 1967 la Encíclica Populorum Progressio, mi venerado predecesor Pablo VI ha iluminado el gran tema del desarrollo de los pueblos con el esplendor de la verdad y la luz suave de la caridad de Cristo. Ha afirmado que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo y nos ha dejado la consigna de caminar por la vía del desarrollo con todo nuestro corazón y con toda nuestra inteligencia, es decir, con el ardor de la caridad y la sabiduría de la verdad.

La verdad originaria del amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, es lo que abre nuestra vida al don y hace posible esperar en un desarrollo de todo el hombre y todos los hombres, en el tránsito de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, que se obtiene venciendo las dificultades que inevitablemente se encuentran a lo largo del camino.

 

b. Actualizar las enseñanzas del papa Pablo VI

A más de cuarenta años de la publicación de la Encíclica, deseo rendir homenaje y honrar la memoria del gran Pontífice Pablo VI, retomando sus enseñanzas sobre el desarrollo humano integral y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros días.

Este proceso de actualización comenzó con la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, con la que el Siervo de Dios Juan Pablo II quiso conmemorar la publicación de la Populorum Progressio con ocasión de su vigésimo aniversario. Hasta entonces, una conmemoración similar fue dedicada sólo a la Rerum Novarum. Pasados otros veinte años más, manifiesto mi convicción de que la Populorum Progressio merece ser considerada como la Rerum Novarum de la época contemporánea, que ilumina el camino de la humanidad en vías de unificación.

 

 

 9. El gran desafío para la Iglesia

 

a. Vivir el amor y la verdad en la globalización

El amor en la verdad – caritas in veritate -es un gran desafío para la Iglesia en un mundo en progresiva y expansiva globalización.

El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los pueblos y los hombres no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano. Solo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador

El compartir los bienes y recursos, de lo cual proviene el auténtico desarrollo, no se asegura solo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (Rm 12,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones reciprocas de libertad y de responsabilidad.

 

b. La misión de verdad de la Iglesia

La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación.

Sin verdad se cae en una visión empirista y escéptica de la vida, incapaz de elevarse sobre la praxis, porque no está interesada en tomar en consideración los valores – a veces ni siquiera el significado –con los cuales juzgarla y orientarla

La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad (Jn 8,32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral. Por eso la Iglesia la busca, la anuncia incansablemente y la reconoce allí donde se manifieste.

Para la Iglesia, esta misión de verdad es irrenunciable. Su doctrina social es una dimensión singular de este anuncio: está al servicio de la verdad que libera.

Abierta a la verdad, de cualquier saber que provenga, la Doctrina Social de la Iglesia la acoge, recompone en unidad los fragmentos en que a menudo la encuentra, y se hace su portadora en la vida concreta siempre nueva de la sociedad de los hombres y los pueblos.