Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente

Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente

 

La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo mío al otro;

pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es suyo, lo que le corresponde en virtud de su ser y dLe su obrar.

(C.V. 6)

 

 

I. El desarrollo de los pueblos según el derecho y la justicia

 

 43.      El desarrollo y los derechos  y deberes

 

a. Derechos y deberes respecto al desarrollo integral propio y ajeno

La solidaridad universal, que es un  hecho y un beneficio para todos, es también un deber.

En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que solo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno.

Por ello es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales estos se convierten en algo arbitrario.

 

b. Exigencia desmedida de derechos

Hoy se da una profunda contradicción. Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y voluptuoso con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad.

Se aprecia con frecuencia una relación entre la reivindicación del derecho a lo superfluo, e incluso a la transgresión y al vicio, en las sociedades opulentas, y la carencia de comida,  agua potable, instrucción básica o cuidados sanitarios elementales en ciertas regiones del mundo subdesarrollado y también en la periferia de las grandes ciudades. Dicha relación consiste en que los derechos individuales, desvinculados de un conjunto de deberes que les dé un sentido profundo, se desquician y dan lugar a una espiral de exigencias prácticamente ilimitada y carente de criterios. La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropológico y ético en cuya verdad se insertan también los derechos y así dejan de ser arbitrarios

 

c. Respeto de los derechos

Los deberes refuerzan los derechos y reclaman que se los defienda y promueva como un compromiso al servicio del bien. En cambio, si los derechos del hombre se fundamentan solo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento y, consiguientemente, se relaja en la conciencia común el deber de respetarlos y tratar de conseguirlos.

 

d. Compartir los deberes recíprocos

Los gobiernos y los organismos internacionales pueden olvidar entonces la objetividad y la cualidad de no disponibles de los derechos. Cuando esto sucede, se pone en peligro el verdadero desarrollo de los pueblos.

Comportamientos como estos comprometen la autoridad moral de los organismos internacionales, sobre todo a los ojos de los países más necesitados de desarrollo. En efecto estos exigen que la comunidad internacional asuma como un deber ayudarles a ser artífices de su destino, es decir a que asuman a su vez deberes. Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos.

 

44. El desarrollo y el crecimiento demográfico 

               

a. El crecimiento demográfico

La concepción de los derechos y de los deberes respecto al desarrollo, debe tener también en cuenta los problemas relacionados con  el crecimiento demográfico. Es un aspecto muy importante del verdadero desarrollo, porque afecta a los valores irrenunciables de la vida y de la familia.

 

b. Subdesarrollo y aumento poblacional

No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y el aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en las sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad.

 

c. Procreación responsable

Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral.

La Iglesia que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a este a que respete los valores humanos también en el ejercicio de la sexualidad: Esta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y lúdico, del mismo modo que la educación sexual no se puede limitar a una instrucción técnica con la única preocupación de proteger a los interesados de eventuales contagios o del riesgo de procrear. Esto equivaldría a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad.

La responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con políticas de planificación forzada de la natalidad. En ambos casos se trata de concepciones y políticas materialistas, en las que las personas acaban padeciendo diversas formas de violencia.

Frente a todo esto se debe resaltar la competencia primordial que en este campo tienen las familias respecto del Estado y sus políticas restrictivas, así como una adecuada educación de los padres.

 

d. La apertura a la vida

La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes.

Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar.

La disminución de los nacimientos a veces por debajo de llamado “índice de remplazo generacional”, pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costos, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de cerebros a los cuales recurrir para las necesidades de la nación.

 

e. Centralidad de la familia

Las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan síntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral. Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona.

En esta perspectiva, los estados están  llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional.

 

45. El desarrollo económico y la ética

 

a. La economía necesita la ética

Responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera sino de una ética amiga de la persona.

Hoy se habla mucho de ética en el campo económico bancario y empresarial. Surgen centros de estudio y programas formativos de business ethics; se difunde en el mundo desarrollado el sistema de certificaciones éticas, siguiendo la línea del movimiento de ideas nacido en torno a la responsabilidad social de la empresa. Los bancos proponen cuentas y fondos de inversión llamados éticos. Se desarrolla una finanza ética sobretodo mediante el microcrédito y, más en general, la micro financiación. Dichos procesos son apreciados y merecen un amplio apoyo. Sus efectos positivos llegan incluso a las áreas menos desarrolladas de la tierra.

Conviene elaborar un criterio de discernimiento valido pues se nota un cierto abuso del adjetivo ético que, usado de manera genérica, puede abarcar también contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre.

 

b. Aporte de la Doctrina Social de la Iglesia

En efecto, mucho depende del sistema moral de referencia. Sobre este aspecto, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece una aportación específica, que se funda en la creación del hombre a imagen de Dios, ( Gen 1, 27 ) algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales. Una ética económica que prescinda de estos dos pilares correría el peligro de perder inevitablemente su propio significado y prestarse así a ser instrumentalizada; más concretamente, correría el riesgo de amoldarse a los sistemas económico-financieros existentes, en vez  de corregir sus disfunciones.

Además podría acabar incluso justificando la financiación de proyectos no éticos.

 

c. Que toda la economía sea ética

Conviene esforzarse no solo para que surjan sectores o segmentos éticos de la economía o de las finanzas , sino para que toda la economía y las finanzas sean éticas y lo sean no por una etiqueta externa, sino por el respeto de exigencias intrínsecas  de su propia naturaleza. A este respecto, la Doctrina Social de la Iglesia habla con claridad, recordando que la economía en todas sus ramas, es un sector de la actividad humana.

 

46. El desarrollo y el sistema productivo

               

a. Tipos de empresas

Respecto al tema de la relación entre empresa y ética, así como de la evolución que está teniendo el sistema productivo, parece que la distinción hasta ahora más difundida entre empresas destinadas al beneficio y organizaciones sin ánimo de lucro ya no refleja plenamente la realidad, ni es capaz de orientar eficazmente  el futuro.

En estos últimos decenios, ha ido surgiendo una amplia zona intermedia entre los dos tipos de empresas. Esa zona intermedia está compuesta: por empresas tradicionales que, sin embargo, suscriben pactos de ayuda a países atrasados;  por fundaciones promovida por empresas concretas; por grupos de empresas que tiene objetivos de utilidad social; por el amplio mundo de agentes de la llamada economía civil y de comunión.

No se trata solo de un tercer sector, sino de una nueva y amplia realidad compuesta, que implica al sector privado y público y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales.

 

b. La ganancia instrumento para la humanización del mercado

Que estas empresas distribuyan más o menos los beneficios, o que adopten una u otra configuración jurídica prevista por la ley, es secundario respecto a su disponibilidad para concebir la ganancia como un instrumento para alcanzar objetivos de humanización del mercado y de la sociedad.

Así, sin restar importancia y utilidad económica y social a las formas tradicionales de empresa, hacen evolucionar el sistema hacia una asunción más clara y plena de los deberes por parte de los agentes económicos.

La misma pluralidad de las formas institucionales de empresa es lo que promueve un mercado más cívico y al mismo tiempo más competitivo.

 

47. Proyectos de subsidiaridad

               

a. Promover derechos y asumir responsabilidades

La potenciación de los diversos tipos de empresas y, en particular, de los que son capaces de concebir el beneficio como un instrumento para conseguir objetivos de humanización del mercado y de la sociedad, hay que llevarla a cabo incluso en países excluidos o marginados de los circuitos de la economía global, donde es muy importante proceder con proyectos de subsidiaridad convenientemente diseñados y gestionados que tiendan a promover los derechos, pero previendo siempre que se asuman también las correspondientes responsabilidades.

 

b. Centralidad de la persona

En la iniciativas para el desarrollo debe quedar  a salvo el principio de la centralidad de la persona humana, esta es quien debe asumir  en primer lugar el deber del desarrollo.

Lo que interesa principalmente es la mejora de las condiciones de vida de las personas concretas de una cierta región, para que puedan satisfacer aquellos deberes que la indigencia no les permite observar actualmente.

 

c. Programas concretos de desarrollo

Los programas de desarrollo, para poder adaptarse a las situaciones concretas, han de ser flexibles; y las personas que se beneficien deben implicarse directamente en su planificación y convertirse en protagonistas de su realización.

 

d. Primeros responsables del propio desarrollo

Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de él. Pero no lo realizarán en el aislamiento.

 

e. La cooperación internacional

La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo económico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto.

Los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos  y administrativos frecuentemente demasiado  costosos.

 

II. El desarrollo y el ambiente natural

 

48. La relación del hombre con el ambiente natural  

 

a. La naturaleza don de Dios

El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con el ambiente natural. Este es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres las generaciones futuras y toda la humanidad.

Cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias.

El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades, materiales e inmateriales respetando el equilibrio inherente a la creación misma.

Sí se desvanece esta visión se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios.

La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador y de  su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la plenitud en Cristo al final de los tiempos ( EF 1,9-10; COL 1,19-20 ) también ella, por tanto, es una vocación.

 

b. Guardar y cultivar la naturaleza

La naturaleza está a nuestra disposición no como un montón de desechos esparcidos al azar, sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se  deben seguir para guardarla y cultivarla.

 

c. La naturaleza y la persona humana

Se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo  considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo: la salvación del hombre no puede venir únicamente  de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista.

Por otra parte, también es necesario refutar la posición contraria, que mira a su completa tecnificación, porque el ambiente natural no es solo materia disponible a nuestro gusto sino obra admirable del Creador y que lleva en sí una gramática que indica finalidad y criterios para un uso inteligente no instrumental y arbitrario.

Hoy, muchos perjuicios al desarrollo provienen en realidad de esas maneras de pensar distorsionadas.

 

d. Naturaleza y cultura

Reducir completamente la naturaleza a un conjunto de simples datos fácticos acaba siendo fuente de violencia para con el ambiente, provocando además conductas que no respetan la naturaleza del hombre mismo. Esta, en cuanto se compone no solo de materia, sino también de espíritu, y por tanto rica de significados y fines trascendentes, tiene un carácter normativo incluso para la cultura.

El hombre interpreta y modela el ambiente natural mediante la cultura, la cual es orientada  a su vez por la libertad responsable atenta a los dictámenes de la ley moral.

 

e. Solidaridad y justicia intergeneracional

Los proyectos para un desarrollo humano integral no pueden ignorar a las generaciones sucesivas, sino que han de caracterizarse por la solidaridad y la justicia intergeneracional, teniendo en cuenta múltiples aspectos, como el ecológico, el jurídico, el económico, el político y el cultural .

 

49. El desarrollo y los recursos energéticos

 

a. Problemas energéticos

Hoy, las cuestiones relacionadas con el cuidado y salvaguardia del ambiente han de tener debidamente en cuenta los problemas energéticos. En efecto, el acaparamiento por parte de algunos Estados,  grupos de poder y empresas de recursos energéticos no renovables, es un grave obstáculo para el desarrollo de los países pobres. Estos no tienen medios económicos ni para acceder a las fuentes energéticas no renovables ya existentes  ni para financiar la búsqueda de fuentes nuevas y alternativas.

La acumulación de recursos naturales ,que en muchos casos se encuentran precisamente en países pobres, causa explotación y conflictos frecuentes entre las naciones y en su interior.

 

b. El aprovechamiento de los recursos

La comunidad internacional tiene el deber imprescindible de encontrar los modos institucionales para ordenar el aprovechamiento de los recursos no renovables, con la participación también de los países pobres y planificar así conjuntamente el futuro.

Hay también una urgente necesidad moral de una renovada solidaridad, especialmente en las relaciones entre países en vía de desarrollo y países altamente industrializados.

Las sociedades tecnológicamente avanzadas pueden y deben disminuir el propio gasto energético, bien porque las actividades manufactureras evolucionan, bien porque entre sus ciudadanos se difunde una mayor sensibilidad ecológica. Además se debe añadir que hoy se puede mejorar la eficacia energética  y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas.

Es también necesaria una redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos.

 

c. Reclamo de los jóvenes

Se trata de problemas relevantes que, para ser afrontados de manera adecuada requieren por parte de todos una responsable toma de conciencia de las consecuencias que afectarán a las nuevas generaciones, y sobre todo a los numerosos jóvenes que viven en  los pueblos pobres, los cuales reclaman tener su parte activa en la construcción de un mundo mejor.

 

50. El desarrollo y el gobierno de la naturaleza

       

a. Responsabilidad global sobre toda la creación

Está responsabilidad es global, porque no concierne solo a la energía, sino a toda la creación, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos.

Es lícito que el hombre gobierne responsablemente la naturaleza para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla también con métodos nuevos y tecnologías avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la población que la habita.

En nuestra tierra  hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente, con la ayuda de la naturaleza misma, don de Dios a sus hijos, con el tesón del propio trabajo y de la propia inventiva.

b. La tierra y las nuevas generaciones

Pero debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola.

Eso comporta el compromiso de decidir juntos después de haber ponderado responsablemente la vía a seguir, con el objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cuál caminamos.

 

c. Esfuerzos de las autoridades competentes

Es de desear que la comunidad internacional y cada gobierno sepan contrarrestar eficazmente los modos de utilizar el ambiente que le sean nocivos.

También las autoridades competentes han de hacer los esfuerzos necesarios para que los costes económicos y sociales que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes se reconozcan de manera transparente y sean sufragados totalmente por aquellos que se benefician, y no por otros o por las futuras generaciones.

La protección del entorno, de los recursos y del clima requiere que todos los responsables internacionales actúen conjuntamente y demuestren prontitud para obrar de buena fe, en el respeto de la ley y la solidaridad con las regiones   más débiles del planeta .

Una de las mayores tareas de la economía es precisamente el uso más eficaz de los recursos, no el abuso,  teniendo siempre presente que el concepto de eficiencia no es axiológicamente neutral.

 

51. La ecología ambiental y humana

 

a. Trato del hombre al ambiente y a sí mismo

El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa. Esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo de vida que, en muchas partes del mundo, tiende al hedonismo y al consumismo despreocupándose de los daños que de ellos se derivan.

Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida, a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones.

Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales, así como la degradación ambiental a su vez provoca insatisfacción en las relaciones sociales.

 

b. La naturaleza y la dinámica social

La naturaleza, especialmente en nuestra época, está tan integrada en la dinámica social y cultural que prácticamente ya no constituye una variable independiente.

La desertización y el empobrecimiento  productivo de algunas áreas agrícolas son también fruto del empobrecimiento de sus habitantes y de su atraso. Cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de estas poblaciones, se tutela también la naturaleza.

Muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. La paz de los pueblos y entre los pueblos permitiría también una mayor salvaguardia de la naturaleza.

El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas.

Un acuerdo pacífico sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas.

 

c. Responsabilidad de la Iglesia

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no solo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo.

 

d. Una “ Ecología Humana”

Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la ecología humana en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia.

Así como las virtudes humanas están interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro también a las otras, así también el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza.

 

d. La capacidad moral de la sociedad

Para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera basta con una instrucción adecuada. Estos son instrumentos importantes, pero el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad.

Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología human y con ello de la ecología ambiental.

 

f. La naturaleza y el desarrollo humano integral

Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas.

El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral.

Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros . No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.

 

III. El camino hacia el verdadero desarrollo

 

52. Dios es el fundamento de la vocación al desarrollo

La verdad, y el amor que ella desvela, no se pueden producir, solo se pueden acoger. Su última fuente no es ni puede ser, el hombre, sino Dios, o sea Aquel que es Verdad y Amor.

La vocación misma al desarrollo de las personas y de los pueblos no se fundamenta en una simple deliberación humana, sino que está inscrita en un plano que nos precede y que para todos nosotros es un deber que ha de ser acogido libremente.

Lo que nos precede y constituye – el Amor y la Verdad subsistentes – nos indica qué es el bien y en qué consiste nuestra felicidad. Nos señala así el camino hacia el verdadero desarrollo.

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