El Mensaje de la Populorum Progressio

CAPITULO PRIMERO EL MENSAJE DE LA POPULORUM PROGRESSIO

 

A más de cuarenta años de su publicación, la relectura de la Populorum Progressio insta a permanecer fieles a su mensaje de caridad y de verdad,

considerándolo en el ámbito del magisterio específico de Pablo VI y, más en general, dentro de la tradición de la doctrina social de la Iglesia.

Benedicto XVI

( C.V.10 )

 

 

I. TRADICION DE LA FE APOSTOLICA

 

 10. Fidelidad al mensaje de caridad y verdad         

 

a. Mensaje de la Populorum Progressio

A más de 40 años de su publicación, la relectura de la Populorum Progressio insta a permanecer fieles a su mensaje de caridad y verdad, considerándolo en el ámbito del magisterio especifico de Pablo VI y, más en general dentro de la tradición de la doctrina social de la Iglesia.

Se han de valorar después los diversos términos en que hoy, a diferencia de entonces, se plantea el problema del desarrollo

 

b. Según la tradición de la Iglesia

El punto de vista correcto, por tanto , es el de la Tradición de la fe apostólica, patrimonio antiguo y nuevo, fuera del cual la Populorum Progressio sería un documento sin  raíces y las cuestiones sobre el desarrollo se reducirían únicamente a datos sociológicos .

 

 11. La Encíclica Populorum Progressio y el Concilio Vaticano II

 

                a. Relación íntima con el Concilio Vaticano II

La publicación de la Populorum Progressio tuvo lugar poco después de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La misma Encíclica señala en los primeros pasos su íntima relación con el Concilio. Veinte años después Juan Pablo II subrayó en la Sollicitudo Rei  Socialis la profunda relación de aquella Encíclica con el Concilio y, en particular, con la Constitución  pastoral Gaudium et Spes.

También yo deseo recordar aquí la importancia del Concilio Vaticano II para la Encíclica de Pablo VI y para todo el Magisterio Social de los Sumos Pontífices que le han sucedido.

 

b. La Iglesia al servicio de Dios y del mundo

El Concilio profundizó en lo que pertenece desde siempre a la verdad  de la fe, es decir, que la Iglesia, estando al servicio de Dios, está al servicio del mundo en términos de amor y verdad.

 

c. La Iglesia y el desarrollo

Pablo VI partía precisamente de esa visión para decirnos dos grandes verdades.

 

Primera verdad: La Iglesia promueve  el desarrollo Integral del Hombre.

La primera verdad es que toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre. Tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoción del hombre y la fraternidad universal cuando puede contar con un régimen de libertad. Dicha libertad se ve impedida en muchos casos por prohibiciones y persecuciones, o también limitada cuando se reduce la presencia pública de la Iglesia solamente a sus actividades caritativas.

 

La segunda verdad: El desarrollo integral depende de la persona considerada en todas sus dimensiones.

El auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse solo al incremento del tener; así, la humanidad pierde la valentía de estar disponible  para los bienes más altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige

 

d. El desarrollo necesita a Dios

El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerza, así como no se le puede dar sin más el desarrollo desde fuera.

A lo largo de la historia, se ha creído con frecuencia que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática.

En realidad, las instituciones por si solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta  que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos.

Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin  El, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado.

Por lo demás, solo el encuentro con Dios permite no “ ver siempre en el prójimo solamente al otro ”, sino reconocer en él la imagen divina, llegando así a descubrir verdaderamente al otro y a madurar un amor que “es ocuparse del otro y preocuparse por el otro”.

 

 12. La Doctrina Social de la Iglesia

 

                a. El magisterio Social de la Iglesia

La relación entre la Populorum Progressio y el Concilio Vaticano II no representa una fisura entre el magisterio social de Pablo VI y el de los pontífices que lo precedieron, puesto que el Concilio profundiza dicho magisterio en la continuidad de la vida de la Iglesia. En este sentido, algunas subdivisiones abstractas de la doctrina social de la Iglesia, que aplican a las enseñanzas sociales pontificias categorías extrañas a ella,  no contribuyen a clarificarla.

No hay dos tipos de doctrina social, una preconciliar  y otra postconciliar, diferentes entre sí, sino una única enseñanza coherente y al mismo tiempo siempre nueva.

Es justo señalar las peculiaridades de una u otra Encíclica, de la enseñanza de uno u otro Pontífice, pero sin perder nunca de  vista la coherencia de todo el corpus doctrinal en su conjunto.

Coherencia no significa un sistema cerrado, sino más bien la fidelidad dinámica a una luz recibida. La doctrina social de la Iglesia ilumina con una luz que no cambia los problemas siempre nuevos que van surgiendo. Eso salvaguarda tanto el carácter permanente como histórico de ese patrimonio doctrinal que, con sus características específicas, forma parte de la Tradición siempre viva de la Iglesia

 

b. La Doctrina Social y la Tradición

La doctrina social está construida sobre el fundamento transmitido por los Apóstoles a los Padres de la Iglesia y acogido y profundizado después por los grandes Doctores cristianos. Esta doctrina se remite  en definitiva al hombre nuevo, al último Adán, Espíritu que da vida ( 1Cor 13,8 )

Ha sido atestiguada por los santos y por cuantos han dado la vida por Cristo Salvador en el campo de la justicia y la paz.

En ella se expresa la tarea profética de los sumos Pontífices de guiar apostólicamente la Iglesia de Cristo y de discernir las nuevas exigencias de la evangelización.  Por estas razones, la Populorum  Progressio, insertada en la gran corriente de la Tradición, puede hablarnos todavía hoy a nosotros.

 

 13. El desarrollo corazón del mensaje social cristiano

 

a. El conjunto Magisterial de Pablo VI

Además de su íntima unión con toda la doctrina social de la Iglesia la Populorum Progressio enlaza estrechamente con el conjunto de todo el Magisterio de Pablo VI y, en particular, con su Magisterio social. Sus enseñanzas sociales fueron de gran relevancia: reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia, en la perspectiva ideal e histórica de una civilización animada por el amor.

 

b. La cuestión social mundial

Pablo VI entendió claramente que la cuestión social se había hecho mundial y captó la relación recíproca entre el impulso hacia la unificación de la humanidad y el ideal cristiano de una única familia de los pueblos, solidaria en la común hermandad.

 

c. El desarrollo cristianamente entendido

Indicó en el desarrollo, humana y cristianamente entendido, el corazón del mensaje social cristiano y propuso la caridad cristiana como principal fuerza al servicio del desarrollo. Movidos por el deseo de hacer plenamente visible al hombre contemporáneo el amor de Cristo, Pablo VI afrontó con firmeza cuestiones éticas importantes, sin ceder a las debilidades culturales de su tiempo.

 

 14. Las ideologías negativas ante el desarrollo

 

a. El peligro de las ideologías negativas

Con la Carta Apostólica Octogesima Adveniens  Pablo VI trató el tema del sentido de la política y el peligro que representaban las visiones utópicas e ideológicas que comprometían su cualidad ética y humana. Son argumentos estrechamente unidos con el desarrollo. Lamentablemente, las ideologías negativas surgen continuamente.

 

La ideología tecnocrática

Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica, porque de este modo quedaría sin orientación.

 

La ideología de la inutilidad del desarrollo

Si de un lado hay actualmente quien es propenso a confiar completamente a la técnica el proceso del desarrollo, de otro, se advierte el surgir de ideologías que niegan “in toto” la utilidad misma del desarrollo, considerándolo radicalmente anti-humano y que sólo comporta degradación. Así, se acaba por condenar, no solo el modo erróneo e injusto en que los hombres orientan el progreso sino también los mismos descubrimientos científicos que, por el contrario, son una oportunidad de crecimiento para todos si se usan bien.

La idea de un mundo sin desarrollo expresa desconfianza en el hombre y en Dios. Por tanto, es un grave error despreciar las capacidades humanas de controlar las desviaciones del desarrollo o ignorar incluso que el hombre tiende continuamente a “ ser más “.

 

b. Dos modos opuestos de concebir el desarrollo

Considerar ideológicamente como absoluto el progreso técnico y soñar con la utopía de una humanidad que retorna a su estado de naturaleza originario, son dos modos opuestos para eximir al progreso de su valoración moral y por tanto de nuestra responsabilidad

 

 15. El sentido plenamente humano del desarrollo

 

a. Visión integral de Pablo VI

Otros documentos de Pablo VI, aunque no tan estrechamente relacionados con la doctrina social – la Encíclica Humanae Vitae del 25 de julio de 1968, y la Exhortación apostólica Evangeli Nuntiandi, del 8 de diciembre de 1975 – son muy importantes para delinear el sentido plenamente humano del desarrollo propuesto por la Iglesia. Por tanto, es oportuno leer también estos textos en relación con la Populorum Progressio

 

b. Ética de la vida y ética social

La Encíclica subraya el sentido unitivo y procreador a la vez de la sexualidad poniendo así como fundamento de la sociedad la pareja de los esposos, hombre y mujer, que se acogen recíprocamente en la distinción y en la complementariedad; una pareja, púes, abierta a la vida.

No se trata de una moral puramente individual: la Humanae Vitae señala los fuertes vínculos entre ética de la vida y ética social, inaugurando una temática del magisterio que ha ido tomando cuerpo poco a poco en varios documentos y, por último en la Encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II.

La Iglesia propone con fuerza esta relación entre ética de la vida y ética social, consciente de que “no puede tener bases sólidas, una sociedad que, mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz, se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada”.

 

c. Evangelización y promoción humana

La Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi guarda una relación muy estrecha con el desarrollo, en cuanto la evangelización – escribe Pablo VI –  no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación reciproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre.

Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes. Pablo VI aclaró la relación entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad. El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo que nos ama, le interesa todo el hombre.

Sobre estas importantes enseñanzas se funda el aspecto misionero de la doctrina social de la Iglesia, como un elemento esencial de la evangelización. Es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella.

 

 

 

II. EL PROGRESO ES UNA VOCACION

 

 16. La vida del hombre es una vocación

 

a. El progreso es una vocación

En la Populorum Progressio,  Pablo VI nos ha querido decir, ante todo, que el progreso, en su fuente y en su esencia es una vocación: “ En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación ”. Esto es precisamente lo que legitima la intervención de la Iglesia en la problemática del desarrollo.

Si el desarrollo afectase solo a los aspectos técnicos de la vida del hombre, y no al sentido de su caminar en la historia junto con otros hermanos, ni al descubrimiento de la meta de este camino, la Iglesia no tendría por qué hablar de él.

Pablo VI, como ya León XIII en la Rerum Novarum, era consciente de cumplir un deber propio de su ministerio al proyectar la luz del Evangelio sobre las cuestiones sociales de su tiempo.

 

Decir que el desarrollo es vocación equivale a reconocer, por un lado, que este nace de una llamada trascendente y, por otro, que es incapaz de darse su significado último por sí mismo. Con buenos motivos, la palabra vocación aparece de nuevo en otro pasaje de la Encíclica

 

b. Un verdadero humanismo

“No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana” (P.P. 42). Esta Visión del progreso es el corazón de la Populorum Progressio y motiva todas las reflexiones de Pablo VI sobre la libertad, la verdad y la caridad en el desarrollo. Es también la razón principal por la que aquella Encíclica todavía es actual en nuestros días.

 

17. El desarrollo humano supone la libertad responsable

 

a. La vocación requiere una respuesta libre

La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: Ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana.

Los “mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones” basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona.

 

b. El hombre artífice de su éxito o fracaso

Pablo VI no tiene duda de que hay obstáculos y condicionamientos que frenan el desarrollo, pero tiene también la certeza  de que “ cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso”.

Esta libertad se refiere al desarrollo que tenemos ante nosotros pero, al mismo tiempo, también a las situaciones de subdesarrollo, que no son fruto de la casualidad o de una necesidad histórica, sino que dependen de la responsabilidad humana. Por eso, los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acentos dramáticos, a los pueblos opulentos. También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común.

 

 c. Libre desarrollo

Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad  que la naturaleza de estas era ser instrumentos de la libertad humana. Solo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; solo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.

 

18. El desarrollo exige el respeto a la verdad

 

a. Un desarrollo integral: de todos los hombres y de todo el hombre

Además de la libertad, el desarrollo humano integral como vocación exige también que se respete la verdad. La vocación al progreso impulsa a los hombres a “ hacer, conocer y tener más para ser más ”. Pero la cuestión es: qué significa ser más. A esta pregunta, Pablo VI responde indicando lo que comporta esencialmente el auténtico desarrollo: “ debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre ”.

 

b. Importancia de la visión  cristiana del hombre

En la concurrencia entre las diferentes visiones del hombre que, más aún que en la sociedad de Pablo VI, se proponen también en la de hoy, la visión cristiana tiene la peculiaridad de afirmar y justificar el valor incondicional de la persona humana y el sentido de su crecimiento.

La vocación cristiana al desarrollo ayuda a buscar la promoción de todos los hombres y de todo el hombre. Pablo VI escribe: “ lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”.

La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoyándose en privilegios o posiciones de poder, ni tampoco en  los méritos de los cristianos, que ciertamente se han dado y también hoy se dan, junto con sus naturales limitaciones, sino solo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocación auténtica al desarrollo humano integral.

 

c. El Evangelio y el desarrollo

El Evangelio es un elemento fundamental del desarrollo porque, en él, Cristo “ en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre  ”.

Con las enseñanzas de su Señor la Iglesia escruta los signos de los tiempos, los interpreta y ofrece al mundo lo que ella posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad.

Precisamente porque Dios pronuncia el sí más grande al hombre, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocación divina para realizar el propio desarrollo.

 

d. La verdad del desarrollo

La verdad del desarrollo consiste en su totalidad: si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es el verdadero desarrollo. Este es el mensaje central de la Populorum Progressio válido hoy y siempre.

El desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocación de Dios creador, requiere su autentificación en “ un humanismo trascendental, que da al hombre su mayor plenitud; ésta es la finalidad suprema del desarrollo personal  ”.

Por tanto la vocación cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; este es el motivo por el que, cuando Dios queda eclipsado nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el bien, empieza a disiparse.

 

 

 19. El desarrollo exige la caridad

 

a. Causas del subdesarrollo

Finalmente, la visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad. En la encíclica Populorum Progressio,  Pablo VI señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta “ pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cuál permita al hombre moderno hallarse a sí mismo ”.

El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos. Está fraternidad, podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos?.

 

b. Lograr la fraternidad

La  sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola es capaz de aceptar la igualdad  entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Está nace de una vocación trascendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.

 

c. La unidad de la caridad de Cristo

Pablo VI, presentando los diversos niveles del proceso de desarrollo del hombre, puso en lo más alto, después de haber mencionado la fe, “ la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres ”.

 

20. Nuestro compromiso con el desarrollo de los pueblos

 

a. Vida y orientación del compromiso

Estas perspectivas abiertas por la Populorum Progressio siguen siendo fundamentales para dar vida y orientación a nuestro compromiso por el desarrollo de los pueblos. Además la Populorum Progressio subraya reiteradamente la urgencia de las reformas y pide que ante los grandes problemas de la injusticia en el desarrollo de los pueblos, se actúe con valor y sin demora. Esta urgencia viene impuesta también por la caridad en la verdad. Es la caridad de Cristo la que nos impulsa: “Caritas Cristi urget nos”.

 

b. Alcanzar una autentica fraternidad

Esta urgencia no se debe solo al estado de cosas, no se deriva solamente de la avalancha de los acontecimientos y problemas, sino de lo que está en juego:  la necesidad de alcanzar una autentica fraternidad. Lograr esta meta es tan importante que exige tomarla en consideración para comprenderla a fondo y movilizarse concretamente con el corazón, con el fin de hacer cambiar los procesos económicos y sociales actuales hacia metas plenamente humanas.