Capítulo Séptimo – El bien común y la política

Capítulo Séptimo

El bien común y la política

 

 

 I.  La vida en la comunidad política

 

  

1.  Fundamento Doctrinal

– El mensaje evangélico, que coincide con los más profundos anhelos y deseos del género humano, proclama bienaventurados a los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mateo 5, 9)  77 A

– La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre  78 C

– Cristo, sufriendo la muerte por todos  nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que el mundo echa sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia  38 A

– Se debe alabar a aquellos que, en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, con tal que esto sea posible sin lesión de los derechos de otros o de la sociedad  78 E

– En la medida en que el hombre es pecador, amenaza el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres triunfen del pecado, pueden reportar la victoria sobre la violencia.  78 F

 

2.  Experiencia humana

-Las transformaciones en las estructuras y en las instituciones de los pueblos, ejercen gran influjo en la vida de la comunidad política, principalmente en :

los derechos y deberes de todos

el ejercicio de la libertad política

el logro del bien común

y las relaciones de los ciudadanos, entre sí y con la autoridad pública  73 A

– En diversas regiones del mundo surge el propósito de establecer un orden político-jurídico que proteja mejor en la vida pública los derechos de las personas como son:

el derecho de libre unión

de libre asociación

de expresar las propias opiniones

y de expresar privada y públicamente la religión.  73 B

– Con el desarrollo cultural, económico y social se consolida en la mayoría el deseo de participar mas plenamente en la ordenación de la comunidad política.  73 C

– Se intensifica el afán por respetar los derechos de las minorías, sin descuidar los deberes de éstas con la comunidad política.  73 C

 

II.   Orientaciones generales de la Iglesia

 

 

1 .  El bien común

– La comunidad política nace para buscar el bien común, en el que encuentra:

su justificación plena

su sentido

y su legitimidad primigenia y propia  74 A

 – El bien común abarca

el conjunto de las condiciones de la vida social

con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones

pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección  74 A

 – La mejor manera de llegar a una política auténticamente humana es:

fomentar el sentido interior de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común

y robustecer las convicciones fundamentales en lo que toca a:

la naturaleza verdadera de la comunidad política y al fin, recto ejercicio y límites de los poderes públicos.  73 E

 

2.  La paz

– La promoción del bien común en la actividad política se logra con la promoción de la paz

– La universal familia humana:

no puede llevar a cabo la tarea de construir un mundo más humano, para todos los hombres sin que todos se conviertan con espíritu renovado a la verdad de la paz  77 A

– La paz en la tierra no se puede lograr si no se aseguran:

el bien de las personas

y la comunicación de los hombres, sobre sus riquezas intelectuales y espirituales  78 B

– Para edificar la paz se requiere ante todo:

que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres que son las que alimentan las guerras.  83

– Algunas causas provienen:

de las excesivas desigualdades económicas

y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias.  83

 -Otras nacen:

del deseo de dominio y del desprecio por las personas

de la envidia, la desconfianza, la soberbia y las demás pasiones egoístas  83

– La paz:

no es la mera ausencia de la guerra

ni el solo equilibrio de las fuerzas  adversarias

ni surge de una hegemonía despótica

sino que, con toda exactitud y propiedad, se llama obra de la justicia  78 A

 – La paz es el fruto:

del orden plantado en la sociedad por el Creador

que los hombres, sedientos de una justicia más perfecta, deben llevar a cabo  78 A

 – La paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar 78 B

– Por la fragilidad de la voluntad humana la paz reclama:

de cada uno dominio de sí mismo

y vigilancia por parte de la autoridad legítima  78 A

– Para construir la paz es absolutamente necesario:

el propósito de respetar a los demás hombres y pueblos

y el apasionado ejercicio de la fraternidad  78 B

– El Concilio hace un ardiente llamado a los cristianos para que:

con el auxilio de Cristo, autor de la paz,

cooperen con todos los hombres

a cimentar la paz en la justicia y el amor

y a aportar los medios de la paz  77 B

– Los cristianos deben tener conciencia del papel que les corresponde:

en la comunidad política:

dar ejemplo de responsabilidad y consagración al bien común y mostrar con hechos cómo pueden armonizarse:

autoridad y libertad

iniciativa personal y solidaridad

unidad y diversidad

en la organización social:

reconocer la existencia de opiniones diversas pero legítimas y respetar a los que defienden lealmente su manera de ver

en los partidos políticos:

promover lo que a su juicio exige el bien común, sin anteponer sus intereses.  75 E

 

3.  Con La participación de todos

– La garantía de los derechos de la persona es condición necesaria para que:

los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones,

puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa pública.  73 B

 – Es conforme con la naturaleza humana que:

se constituyan estructuras político-jurídicas

que ofrezcan a todos los ciudadanos posibilidades efectivas de tomar parte en:

la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política

en el gobierno de la cosa pública

en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes  instituciones

y en la elección de los gobernantes.  75 A

 – Recuerden todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común.  75 A

– La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre:

se consagran al bien de la cosa pública  y aceptan las cargas de este oficio  75 A

– Es necesario un orden jurídico positivo que establezca:

la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad pública

así como también la protección eficaz e independiente de los derechos  75 B

– A consecuencia de la complejidad de nuestra época:

los poderes públicos se ven obligados a intervenir con más frecuencia en materia social, económica y cultural

para crear condiciones más favorables:

que ayuden con mayor eficacia a los ciudadanos y a los grupos en la búsqueda libre del bien completo del hombre  75 C

– Es inhumano que la autoridad política:

caiga en formas totalitarias o dictatoriales

que lesionan los derechos de las personas o de los grupos sociales.  75 C

– Se debe dar gran atención a la educación cívica y política:

que es necesaria para el pueblo, y sobretodo para la juventud, para que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política  75 F

– Los políticos:

luchen con integridad moral y con prudencia:

contra la injusticia y la opresión

contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido

conságrense con sinceridad y rectitud, con caridad y fortaleza al servicio de todos  75 F

 

 

4.   Encabezados por la autoridad pública

– Para que, por la pluralidad de pareceres, no perezca la comunidad política, es indispensable una autoridad que:

dirija la acción de todos hacia el bien común

obrando principalmente como una fuerza moral

que se basa en la libertad y en el sentido de la responsabilidad de cada uno  74 B

– La comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, y por eso pertenecen al orden previsto por Dios.  74 C

– El ejercicio de la autoridad política:

así en la comunidad como en las instituciones representativas debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral.  74 D

 – Reconózcanse, respétense y promuévanse  los derechos de las personas las familias y las asociaciones, así como su ejercicio y los deberes cívicos de cada uno  75 B

– Se reprueban todas las formas políticas que:

obstaculizan la libertad civil o religiosa

multiplican las víctimas de las pasiones y de los crímenes políticos y desvían el ejercicio de la autoridad

de la búsqueda del bien común

para ponerla al servicio de un grupo o de los propios gobernantes. 73D

 – Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria:

pero sin estrechez de espíritu

de suerte que miren siempre al bien de toda la familia humana  75 D

– Cuando la autoridad, rebasando su competencia, oprime a los ciudadanos:

éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos.  74 E

– La comunidad política siempre debe tender a:

formar un tipo de hombre culto, pacífico y benévolo de los demás para provecho de toda la familia humana.  74 F

 

5.   La comunidad política y la Iglesia

– Se debe distinguir:

la acción que los cristianos llevan a cabo a título personal, aislada o asociadamente como

ciudadanos, de acuerdo con su conciencia cristiana

y la acción que realizan: en nombre de la Iglesia, en comunión con sus pastores  76 A

– La comunidad política y la Iglesia:

son independientes y autónomas

cada una en su propio terreno  76 C

 – La Iglesia, fundada en el amor del Redentor,

difunde el reino de la justicia y la caridad

en el seno de cada nación y entre las naciones.  76 C

– Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia:

cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios  76 F

– La Iglesia:

predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas del ciudadano  76 C

– Es de justicia que la Iglesia pueda, en todo momento y en todas partes:

predicar la fe con auténtica libertad

enseñar su doctrina social

ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna

y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan:

los derechos fundamentales de la persona

o la salvación de las almas  76 E

 

 

III.  Obligación de evitar la guerra

 

  

– A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños gravísimos materiales y morales, todavía en algunas zonas del mundo la guerra continúa sus desvastaciones 79 A

– Hay que condenar como crímenes horrendos los actos con los que metódicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minoría étnica.  79 B

– Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre estas causas deben desaparecer principalmente las injusticias.  83 A

– No aprovechan a la construcción de la paz:

los sentimientos de hostilidad, menosprecio y desconfianza, los odios raciales y las  ideologías obstinadas que dividen a los hombres y los enfrentan entre sí.  82 C

– Debemos preparar una época en que:

por acuerdo de las naciones

pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra.  82 A

– Se requiere el establecimiento de una autoridad pública universal

reconocida por todos

con poder eficaz para garantizar

la seguridad

el cumplimiento de la justicia

y el respeto de los derechos.  82 A

– Existen sobre la guerra y sus problemas varios tratados internacionales, para que las operaciones militares y sus consecuencias sean menos inhumanas.  79 C

– Una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones.  79 D

-Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras junto con sus habitantes:

es un crimen contra Dios y la humanidad

que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones.  80 D

– Todos deben trabajar para que:

la carrera de armamentos cese definitivamente

y comience ya la reducción de armamentos

de común acuerdo

con auténticas y eficaces garantías.  82 A

– Al gastar inmensas cantidades en nuevas armas, no se pueden remediar suficientemente tantas miserias del mundo entero. 81 B

– Se debe ayudar la buena voluntad de muchísimos que:

se esfuerzan por eliminar la guerra, que aborrecen,

aunque no pueden prescindir de la complejidad inevitable de las cosas.  82 B

– Para vencer y prevenir las violencias desenfrenadas:

que las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y que se estimule la creación de organismos que promuevan la paz.  83