Capítulo Sexto – El bien común y la economía

Capítulo Sexto

El bien común y la economía

 

 

I.  El desarrollo económico

  

1.  Fundamento doctrinal

– Quien con obediencia a Cristo busca ante todo el Reino de Dios, encuentra en éste un amor más fuerte y más puro:

para ayudar a todos sus hermanos

y para realizar la obra de la justicia bajo la inspiración de la caridad.  72

– Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos:

en forma equitativa bajo la égida de la justicia

y con la compañía de la caridad  69 A

– Si el hombre ofrece su trabajo a Dios, colabora en la obra redentora de Cristo  67 B
– Cristo en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos.  88 A
– Es deber del Pueblo de Dios

socorrer las miserias de nuestro tiempo

no sólo con los bienes superfluos

sino también con los bienes necesarios  88 B

 

2. La experiencia humana

– La actividad económica es fruto del trabajo asociado de los hombres  67 C
– El progreso de un país depende:

de los medios humanos y financieros

de que disponga  85 B

 – Para atender el aumento de la población y de sus aspiraciones se busca:

el crecimiento de la producción agrícola e industrial

y la eficacia de los servicios  64

– Para lograr lo anterior hay que favorecer:

el progreso técnico

el espíritu de innovación

el afán por crear nuevas empresas

la adaptación de los métodos productivos

y el esfuerzo sostenido de cuantos participan en la producción  64

 – La economía actual satisface mejor las necesidades de la familia humana , por el progreso de:

las técnicas de producción

y la organización del comercio y de los servicios  63 B

 – Pero hay motivos de inquietud:

endurecimiento de las desigualdades sociales

retroceso en las condiciones de vida de los más débiles

multitudes inmensas sin lo estrictamente necesario

carencia de toda iniciativa y responsabilidad de muchos  63 C

 – Hay latifundios sin cultivar y a veces arrendatarios explotados  71 F

 

II.  Orientaciones Generales de la Iglesia

 

 1. La vida económica

 – El hombre es el autor, el centro y el fin de la vida económica.  63 A

– La actividad económica debe ejercerse:

siguiendo sus métodos y leyes propias, dentro del orden moral, para que se cumplan los designios de Dios sobre el hombre  64

– Los ciudadanos deben contribuir al progreso de su comunidad  65 C
– Los ciudadanos deben prepararse, por medio de la educación y de la formación profesional, al ejercicio de las diversas funciones de la vida económica y social  85 B
– Son necesarias muchas reformas en la vida económica y también es necesario un cambio de mentalidad y de costumbres en todos  63 E
– Deben desaparecer las enormes diferencias y las discriminaciones individuales y sociales.   66  A

 

2. El desarrollo

– La finalidad esencial del desarrollo es el servicio del hombre integral  64

– La búsqueda del bien común en la actividad económica promueve el desarrollo integral del hombre

– La Iglesia proclama los principios de justicia y equidad  63 E
– No se debe confiar el desarrollo:

ni al sólo proceso casi mecánico de la acción económica

ni a la sola decisión de la autoridad pública  65  B

– El desarrollo debe estar bajo el control del hombre. No debe quedar en manos:

de unos pocos

de grupos económicamente muy poderosos

de una sola comunidad política

o de ciertas naciones más poderosas  65 A

 

3.El desarrollo y el trabajo

– La actividad económica es de ordinario fruto del trabajo asociado de los hombres:

por ello es injusto e inhumano

organizarlo y regularlo con daño de algunos trabajadores  67 C

 – El trabajo tiene primacía sobre los otros elementos de la vida económica  67 A

– Gracias al trabajo el hombre:

consigue el sustento propio y de los suyos

se une y sirve a sus hermanos

practica la caridad

y perfecciona la creación  67 B

– El hombre tiene el deber de trabajar, así como también el derecho al trabajo  67 B
– Que todos encuentren trabajo suficiente:

con remuneración que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual

teniendo presentes:

el puesto de trabajo y la productividad de cada uno

y las condiciones de la empresa y el bien común  67 C

 – En las empresas económicas son personas las que se asocian, es decir, hombres libres y autónomos, creados a imagen de Dios  68 A

– Teniendo en cuenta las funciones de cada uno, propietarios, administradores, técnicos, trabajadores, y quedando a salvo la unidad necesaria en la dirección, se ha de promover la activa participación de todos en la gestión de la empresa  68 A

– También deben participar en las decisiones económicas y sociales de los niveles institucionales superiores  68 A

– Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica.   68 B

– En caso de conflictos económico-sociales hay que esforzarse por encontrarles soluciones pacíficas 68 C

– Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores.  68 C

– En muchas regiones, teniendo en cuenta las peculiares dificultades de la agricultura tanto en la producción como en la venta de sus bienes, hay que ayudar a los labradores para que :

aumenten su capacidad productiva y comercial,

introduzcan los necesarios cambios e innovaciones

consigan una justa ganancia

y  no queden reducidos a la situación de ciudadanos de inferior categoría  66 A

 – Con respecto a los trabajadores que proceden de otros países o regiones se ha de evitar toda discriminación en materia de remuneración o de condiciones de trabajo  66 B

 

4.   El desarrollo económico y los bienes

– Jamás debe perderse de vista el destino universal de los bienes  69 A

– El derecho a poseer una parte de los bienes suficiente para sí mismo y para sus familias es un derecho que a todos corresponde.  69 A

– Habiendo tantos oprimidos por el hambre, el Concilio urge a todos para que:

alimenten al que muere de hambre

porque, si no lo alimentan, lo matan.  69 A

 – En las naciones de economía muy desarrollada, el conjunto de instituciones consagradas a la previsión y a la seguridad social puede contribuir, por su parte, al destino común de los bienes 69 B

– Es necesario también continuar el desarrollo de los servicios familiares y sociales, principalmente de los que tienen por fin la cultura y la educación.  69 B

– La propiedad, como las demás formas de dominio privado sobre los  bienes exteriores, contribuye a la expresión de la persona y le ofrece ocasión de ejercer su función responsable en la sociedad y en la economía.  71 A

– La propiedad privada o un  cierto dominio sobre los bienes externos

aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal

y familiar

y deben ser considerados como ampliación de la libertad humana.  71 B

– Las formas de ese dominio o propiedad son hoy diversas y se diversifican cada día más.  71 C

– Junto a los bienes materiales existen los bienes inmateriales, como es la capacidad profesional. 71 C

– El paso de bienes a la propiedad pública:

sólo puede ser hecho por la autoridad competente

de acuerdo con las exigencias del bien común y dentro de los límites de este último

supuesta la compensación adecuada.  71 D

 – Son pues necesarias las reformas que tengan por fin, según los casos:

el incremento de las remuneraciones

la mejora de las condiciones laborales

el aumento de la seguridad en el empleo

el estímulo para la iniciativa en el trabajo

más todavía, el reparto de las propiedades insuficientemente cultivadas.  71 F

 

5.  El desarrollo y las inversiones

– Las inversiones deben orientarse a asegurar posibilidades de trabajo y beneficios suficientes a la población presente y futura.  70

– Ténganse, además, siempre presentes las urgentes necesidades de las naciones o de las regiones menos desarrolladas económicamente.  70

– En materia de política monetaria cuídese no dañar al bien de la propia nación o de las ajenas.  70

 

 

III.   El desarrollo solidario de las naciones

 

 – La actual unión del género humano exige que se establezca también una mayor cooperación internacional en el orden económico. 85 A

– Pertenece a la comunidad internacional:

salvado el principio de la acción subsidiaria

ordenar las relaciones  económicas en todo el mundo

para que se ajusten a la justicia.  86 C

– Los pueblos en vías de desarrollo tengan presente que el progreso surge y se acrecienta principalmente por medio del trabajo y la preparación de los propios pueblos, progreso que debe ser impulsado no sólo con las ayudas exteriores, sino ante todo con el desenvolvimiento de las propias fuerzas y el cultivo de las dotes y tradiciones propias  86 A

– Los pueblos en vías de desarrollo deben buscar:

como fin propio del desarrollo

la plena perfección humana de sus ciudadanos  86 A

– Los pueblos ya desarrollados, en las relaciones comerciales con los países más débiles y pobres el bien de estos últimos,

porque tales pueblos necesitan para su propia sustentación

los beneficios que logran con la venta de sus mercancías.  86 B

– La ayuda material a los países en vías de desarrollo no podrá prestarse:

si no se operan profundos cambios

en las estructuras actuales del comercio mundial.  85 B

– Para establecer un auténtico orden económico universal hay que acabar con:

las pretensiones de lucro excesivo

las ambiciones nacionalistas

el afán de dominación política

los cálculos de carácter militarista

y las maquinaciones para difundir e imponer las ideologías.  85 C

– Los cristianos que toman parte activa en el movimiento económico social y luchan por la justicia y la caridad, convénzanse:

que pueden contribuir mucho al bienestar de la humanidad

y a la paz del mundo.  72 A

 – Que no sirva de escándalo a la humanidad el que algunos países de población cristiana mayoritaria:

disfrutan de la opulencia

mientras otros se ven privados de lo necesario  para la vida

y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias.  88 A